"Ese maldito dolor de pies..."

¡Hola!

No sé si te ha pasado, pero últimamente he estado reflexionando sobre cómo el dolor se vuelve una compañía diaria. Al principio, es solo un pequeño malestar en el pie después de caminar mucho. Pero con el tiempo, ese dolor deja de ser pequeño y se convierte en algo constante, con lo que empiezas a convivir sin darte cuenta.

Es curioso cómo nos acostumbramos a él, ignorándolo porque creemos que no es grave. El cuerpo es sabio, y cuando duele, es porque algo no está bien. Pero, en medio de nuestras ocupaciones, no notamos que el dolor crónico puede ser señal de un problema más profundo.

Nos adaptamos al malestar, seguimos adelante como si nada, y eso es peligroso. Lo que parece un malestar pasajero podría ser el inicio de algo más serio si no se trata a tiempo. Piénsalo: ¿cuántas veces has caminado ignorando ese pinchazo en el pie? O esas mañanas en las que te levantas con dolor y sigues como si fuera parte de la rutina.

El pie nos sostiene y nos conecta con el mundo. No deberíamos ignorar el dolor ahí. Si lo llevas arrastrando, es hora de prestarle atención. No dejes que el dolor se convierta en tu normalidad. Tu bienestar es prioridad.

Un abrazo,  

Manuel.